“Nos juzgamos a nosotros mismos por nuestras intenciones y a los demás por su comportamiento.”
Stephen Covey
Esta cita del autor Stephen Covey me parece extraordinaria.
Todos somos culpables de juzgar a los demás por sus actos. Todos usamos nuestras intenciones como parámetro para evaluarnos.
Un ejemplo exagerado…
Es el cumpleaños de un amigo y querés llamarlo para saludarlo, pero el día se vae complicando y lo vas dejando para después así podés conversar un rato. Cuando te das cuenta, ya es demasiado tarde para llamar. Te consolás pensando en que él va a entender que lo quisiste saludar porque “lo que cuenta es la intención”.
O al revés…
Es tu cumpleaños y sabés que tu amigo te va a saludar como lo hace siempre, pero pasa el día y no recibís la llamada. Por más que tratás de darle el beneficio de la duda, sabés que “lo que falta no es tiempo sino la intención”.
Pero ¿Qué pasaría si diéramos vuelta la tortilla?
Tal vez nos daríamos cuenta que nuestros actos pueden molestar o lastimar a otros. Pero no hay forma de saber cuáles son las intenciones de los demás. Y probablemente seamos demasiado duros al juzgarlos.