Nuestros actos tienen consecuencias

Es normal que los nenes chiquitos no entiendan que todo lo que hacen tiene un resultado. Es tarea de los adultos enseñárselos. Por ejemplo, recuerdo haber pasado horas enseñando que los tirones de pelo y los mordiscos duelen.

Lamentablemente, hay personas adultas que narecen no haber tenido quién les enseñe porque no terminan de entender la relación entre sus actos y las consecuencias de los mismos. Aún cuando, salvo algunas excepciones, la relación es obvia.

También sucede que muchas veces nos dejamos llevar por los impulsos, nos olvidamos de las consecuencias y después nos arrepentimos. ¿Quién no se preguntó alguna vez por qué había comprado una cosa que no necesitaba? ¿Quién no se arrepintió de haberse ofrecido a hacer algo cuando llegó el momento?

Creo que siempre es importante tener en cuenta la relación entre nuestros pensamientos, decisiones, acciones, y sus consecuencias.

Generalmente no lleva demasiado tiempo pensar en los resultados de lo que vamos a hacer o dejar de hacer.

Siempre hay que tener en cuenta que todo tiene su efecto.

Si sembrás maíz, no podés esperar cosechar trigo.
Si regás demasiado, las semillas se pudren.
Si no regás, vas a tener que comprar choclos en la verdulería.