Un niño le miente a su madre y después confiesa su error.
Un político es descubierto recibiendo coimas y dice que cometió un tremendo error.
Una persona es infiel y cuando su pareja se da cuenta, reconoce su error.
En los ejemplos anteriores no se cometieron errores. Se tomaron malas decisiones.
Doblar en la calle equivocada o llamar a alguien por un nombre incorrecto, son errores.
Un error es algo que se hace sin intención.
Una mala decisión es intencional, no se tienen en cuenta las consecuencias.
Muchas veces, llamamos errores a nuestras malas decisiones porque así son más fáciles de enfrentar. Haciendo eso, evitamos la responsabilidad.
Llamar errores a las malas decisiones también nos permite echarle la culpa a otros. Y aunque parece loco, es algo muy común.
Todos conocemos a alguien que vive tomando malas decisiones, pero nunca se hace cargo de ellas. Intentemos no ser una de esas personas.
Lo mejor que podemos hacer es aprender de nuestros errores para no repetirlos. Si los repetimos, dejan de ser errores y se convierten en malas decisiones.