¿Cuánto más necesitamos?

Hay una historia, que puede ser cierta o no, que cuenta que a principios del siglo XX, John D. Rockefeller era el hombre más rico del mundo. Tan rico era que los billonarios de hoy no le llegan a los tobillos. Un periodista le preguntó cuánto dinero era suficiente dinero. Rockefeller respondió, “Solo un poquito más”.

Vivimos en una cultura que nos enseña que nunca hay que estar satisfecho y siempre tenemos que querer más.

Más juguetes. Más ropa. Más dinero. Mas metros cuadrados. Más y más y más.

Y no se limita solo a cosas. Nuestra sociedad nos empuja a tener más de todo.

Más prestigio. Más poder. Más reputación. Más amigos. Más sexo. Más belleza. Más juventud…

Sí, más juventud también, pero eso es material para otro día.

El problema con la necesidad de más permanente es que nunca vamos a estar satisfechos. Porque, no importa cuánto más acumulemos, siempre nos va a faltar un poco.

Es como una sed que ninguna bebida puede apagar.

No importa cuántos metros cuadrados tenga tu casa, siempre hay casas más grandes.

No importa cuánto dinero tenés en el banco, siempre podés tener más.

No importa cuántos seguidores tenés en Instagram, siempre podés conseguir más.

Cuando el destino es “más”, el camino se hace eterno. Nunca llegamos. Nunca vamos a estar satisfechos ni felices porque lo que tenemos nunca va a ser suficiente.

Podríamos echarle toda la culpa a la sociedad de consumo, como los nenes que hacen macanas se la echan a sus compañeros. Pero terminaríamos teniendo que decirnos lo que le dicen las madres a los nenes, “Si tus amigos te dicen que te tires de un puente, ¿te vas a tirar?”.

Si la sociedad, los medios de comunicación o tu grupo social te dice que necesitás tener más y mejores cosas, ¿Vas a dejar tu vida en esa búsqueda sin fin?

Vemos a los billonarios a quienes sus inmensas fortunas no los satisfacen.

Vemos a las grandes corporaciones que intentan obtener mayores ganancias a cualquier precio.

Vemos a los que adquieren alguna clase de poder y hacen lo que sea con tal de no perderlo.

Aunque en realidad, no hace falta mirar a los demás. Generalmente basta mirarnos al espejo para ver ese deseo de alcanzar más.

Creo que existen dos formas de vivir la vida:

1. Podemos vivir persiguiendo el más. Creyendo que si tenemos más, nuestra vida va a ser mejor.

2. Podemos rechazar la teoría del más indefinido y lograr la satisfacción de saber que, aunque no tenga todo, tampoco lo necesito.

Yo ya decidí como vivir mi vida. ¿Vos?