¿Cuántas veces oímos las expresiones “trabajo digno” o “vivienda digna”? Cientos, miles. Generalmente como un concepto abstracto unido a la pobreza.
Estoy convencida que la dignidad no es algo abstracto, y es mucho más importante que la riqueza.
La dignidad es una consecuencia del respeto que recibís de tu familia, tus pares y la sociedad, y de poder crear tu propio destino.
La riqueza es una consecuencia de la acumulación de cosas con valor material.
Aunque hay suficiente riqueza en el mundo, está en poder de un grupo de personas y no creo que podamos repartirla a todos en un futuro cercano.
Sin embargo, creo que todos podemos ayudar a los demás a tener dignidad.
El clásico ejemplo de dignidad es el de un padre de familia que trabaja su pedazo de tierra y con eso alimenta a su familia y gana lo suficiente para mandar a sus hijos a la escuela. Esto le gana el respeto de sus pares y lo conecta con el mundo.
Si algo aprendimos durante los últimos años, es cuán conectados estamos con el resto del mundo.
Y en un mundo tan interconectado, lo mejor que podemos hacer es tratar a los demás con dignidad.
Como dice el dicho: darle comida o dinero a alguien puede ayudarlo a sobrevivir un día más, pero no les da dignidad.
Podemos hacer algo mejor. Podemos ayudarlos a buscar soluciones para sus problemas.
A esta altura de la historia, creo que crear soluciones y oportunidades no es generosidad. Es obligación.